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Esperanza para el Síndrome de Fatiga Crónica

This article, “Hope for Chronic Fatigue Syndrome,” originally appeared in Slate.  Spanish translation provided by Javier as part of #MEAction translators.

Esperanza para el Síndrome de Fatiga Crónica

El debate sobre esta misteriosa enfermedad está cambiando repentinamente.

Por Julie Rehmeyer

Los últimos meses, un equipo de investigadores publicó su último estudio sobre el síndrome de fatiga crónica. Los investigadores afirmaron que Psicoterapia y un aumento gradual en el ejercicio, a largo plazo, son tratamientos eficaces que podrían conducir a la recuperación. El estudio fue una actualización del ensayo del tratamiento más grande en la historia del SFC, ahora con los datos a largo plazo.

Esto puede sonar como una buena noticia pero yo conocía el anterior trabajo de estos investigadores muy bien, y que éste sólo había traído miseria a los pacientes con SFC como yo. Ya en 2011, vi los titulares repartidos por todo el mundo cuando el equipo, financiado por el gobierno británico, publicó los primeros resultados en la revista The Lancet mientras yo estaba gravemente enferma en la cama, leyendo las noticias en mi teléfono, demasiado débil para sentarse y usar mi ordenador.

Yoy un montón de otras personas que conocen el SFC no podíamos creer lo que estábamos leyendo. La psicoterapia me había ayudado a mantener mi cordura cuando mi cuerpo se vino abajo, pero nunca me había hecho estar menos enferma. Y el principal síntoma de la enfermedad es que el esfuerzo puede provocar que los pacientes estén mucho, mucho peor . Yo había aprendido a través de la dura experiencia que la única manera de que pudiera hacer ejercicio con seguridad era parar tan pronto como el pensamiento “Estoy un poco cansada” pasara por mi cabeza. Caminar cinco minutos ayer no garantizaba que pudiera caminar con seguridad seis minutos hoy y si yo calculaba mal y me pasaba haciendo de más, estaría semiparalizada después.

Pero de acuerdo con la teoría que subyace a esta investigación psiquiátrica, mi problema era que yo no estaba en forma, con miedo de hacer ejercicio, y obsesionada por mis síntomas. El camino hacia el bienestar era abandonar la idea de que tenía una enfermedad física y aumentar constantemente mi ejercicio, sin importar lo mal que me hiciera sentir.

Los pacientes descubrieron rápidamente los graves problemas científicos con el documento de Lancet del 2011. A pesar de estos errores, el estudio conocido como el ensayo PACE, pasó a informar a las recomendaciones de los órganos influyentes como los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, de la Clínica Mayo, y el Servicio Nacional de Salud británico. Así que el nuevo estudio de seguimiento, como me temía, parecía destinado a una recepción cálida y falta de crítica de la clase médica con independencia de que sus conclusiones fueran legítimas.

Pero pocos días antes de que el nuevo estudio fuera publicado, el 21 de octubre, el periodista David Tuller de San Francisco publicó una importante investigación exponiendo fallas metodológicas graves en todo el ensayo PACE que puso su validez en serias dudas..

Y esta vez el nuevo estudio ha sido recibido con fuertes críticas desde fuera del mundo de los pacientes y sus defensores. El viernes, seis investigadores, entre ellos científicos prominentes como el virólogo Vicente Racaniello de la Universidad de Columbia y el genetista Ronald Davis de la Universidad de Stanford, lanzaron una carta abierta a la revista The Lancet exigiendo una revisión independiente del ensayo PACE.

“El estudio entero es una chapuza increíble”, dice Jonathan Edwards, investigador biomédico en la Universidad College de Londres que firmó la carta. “El ensayo es totalmente inútil.”

El ensayo PACE ha ejercido una fuerte influencia en los médicos americanos: Si usted le pregunta a su médico sobre el SFC, es muy probable que le diga que la terapia cognitivo-conductual (el ejercicio de psicoterapia que se utilizó en el ensayo) y el ejercicio son los únicos tratamientos probados para el SFC 

La comunidad de investigación científica estadounidense, por su parte, ha rechazado el modelo psiquiátrico que PACE personifica y en su lugar está buscando explicaciones fisiológicas de la enfermedad. Los esfuerzos de investigación se han paralizado, sin embargo, por la escasa financiación: los Institutos Nacionales de Salud gastan de 5  a  6 millones de dólares al año en una enfermedad que afecta a millones de estadounidenses. (En comparación, aproximadamente el mismo número de personas con VIH/SIDA, que reciben 3000 millones de dólares  en fondos del NIH).

Apenas dos días después de que se publicó el estudio PACE de seguimiento, el NIH hizo el anuncio espectacular de que se está iniciando un programa para estudiar el SFC (también conocido como encefalomielitis miálgica o EM/SFC) en el NIH Clinical Center en Bethesda, Maryland. Francis Collins, director de los NIH, también ha prometido una mayor financiación para las universidades para la investigación de la enfermedad. “Va a ser sustancialmente mayor que los actuales  5 o 6 millones de dólares al año”, anunció a  NPR. “Vamos a aumentarlo.”

Después de tantos años de financiación escasa, mala ciencia, y periodismo poco serio, los acontecimientos de las últimas semanas me han hecho sentir algo que nunca he sentido antes acerca de esta enfermedad: esperanza. Casi me da miedo decirlo, pero podemos estar a punto de aclarar los malentendidos masivos sobre esta maldita enfermedad e incluso empezar a entenderla.

* * *

Preguntas sobre el documento del Lancet de 2011 surgieron poco después de que el equipo PACE anunció sus primeros resultados en una conferencia de prensa. Uno de los investigadores dijo que, en comparación con otros sujetos del estudio, “el doble de personas con terapia de ejercicio gradual y la terapia cognitivo-conductual regresaron a la normalidad.” En un artículo de seguimiento dos años más tarde, los investigadores afirmaron que el 22 por ciento de los participantes que recibieron la terapia cognitivo-conductual o hicieron ejercicio junto con atención médica regular, se “recuperaron” al final de la prueba.

Pero los pacientes que analizaron el ensayo PACE y sus estudios de seguimiento descubrieron que estas declaraciones dependían de una definición muy débil de “recuperación” una tan débil que los participantes después de participar en el ensayo, empeoraban en dos de los cuatro criterios, y luego eran definidos como “recuperados”. Además, estos pacientes supuestamente recuperados podían tener la función física más pobre que el 92 por ciento de la población británica fuera de la edad para trabajar. Y el 13 por ciento de los participantes fueron calificados como “recuperados” en al menos uno de los criterios incluso antes de recibir el tratamiento.

Estoy sintiendo algo que nunca he sentido antes acerca de esta enfermedad: esperanza.

 

Peter White, psiquiatra de la Universidad Queen Mary de Londres y el principal investigador PACE, me dijo por correo electrónico a finales de octubre que “algún pequeño solapamiento podría esperarse” entre los criterios para la inclusión en el ensayo y las de recuperación, y señaló que había dos criterios adicionales. No obstante, mencionó que también se debilitaron esos criterios. Cuando pregunté por qué tal solapamiento “podría esperarse”, se negó a responder a más preguntas.

A partir de 2011, los pacientes analizaron el estudio presentando la Ley de Libertad de Información solicitando ver lo que habría derivado de los resultados del ensayo bajo el protocolo original. La solicitud fue denegada junto con muchas otras peticiones sobre el ensayo, algunos con el argumento de que las solicitudes fueron “abusivas”. Los investigadores dijeron que ellos consideraban las peticiones como acoso.

Los pacientes encontraron muchos otros problemas también. Los participantes en el estudio no habían mejorado significativamente en ninguno de los equipos elegidos medidos objetivamente: Ellos no fueron capaces de volver al trabajo o conseguir cierto bienestar, tampoco consiguieron mejorar su forma física, y ​​su capacidad de caminar apenas mejoró. Aunque los investigadores PACE habían elegido estas medidas al comienzo del experimento, una vez que analizaron sus datos, los descartaron como irrelevantes o no objetivos después de todo. Además, los pacientes que investigaron el estudio encontraron errores estadísticos, acciones que podrían haber inflado las calificaciones subjetivas, problemas de medición que permitieron a los participantes que se deteriorasen sin ser detectado, conflictos de interés, y más.

 

Los pacientes escribieron cartas detalladas a la revista The Lancet y otras revistas que describen las deficiencias científicas de PACE. En respuesta, los investigadores o bien no se refirieron a los problemas centrales, o los despidieron como algo sin importancia, o los criticaron acusándolos de tener prejuicios contra la psiquiatría.

Richard Horton, editor de la revista The Lancet, defendió enérgicamente el ensayo. En una entrevista de radio, llamó a los críticos “un grupo de personas bastante pequeño, pero muy organizado, muy ruidoso y muy perjudicial que en realidad, yo diría que han secuestrado esta agenda y distorsionado el debate por lo que en realidad perjudica a la inmensa mayoría de los pacientes.” Él no abordó el contenido de las críticas.

En los Estados Unidos, los investigadores de EM/SFC rechazaron en gran medida los resultados del ensayo PACE. Su investigación sobre el papel del ejercicio en la enfermedad se ha centrado en su lugar en desentrañar la fisiología de la respuesta anormal de los pacientes al mismo. Varios equipos encontraron que cuando los pacientes ejercitaban hasta el agotamiento dos días seguidos, su rendimiento cae dramáticamente el segundo día, como lo demuestran los indicadores fisiológicos que no pueden ser falsificados. Otros investigadores documentaron cambios en cómo los genes funcionan en los pacientes después del ejercicio moderado.

 

Jennifer Brea y su pareja, Omar, visitan una reserva natural cerca de su casa, donde ella había sido capaz de caminar por una milla, pero ahora no puede.

Cortesía de Canary in a Coal Mine

Aún así, cada vez que el equipo de PACE publica un nuevo estudio de seguimiento, una avalancha de noticias de cobertura de desinformación sigue, incluso después de la publicación del mes pasado. La portada de The Telegraph anunciaba “Los afectados por el Síndrome de Fatiga Crónica ‘pueden superar los síntomas de la [Encefalomielitis Miálgica] con pensamiento positivo y Ejercicio: la Universidad de Oxford ha descubierto que la EM, no es en realidad una enfermedad crónica “.

Cuando leí el propio estudio, rápidamente me di cuenta de que este titular fue mucho más allá incluso que las afirmaciones de los investigadores pero también vi que las afirmaciones de los investigadores fueron mucho más allá de sus propios datos.

Según los investigadores, su trabajo demostró que las supuestas mejoras de la terapia cognitivo-conductual y el ejercicio se mantuvieron con el tiempo. Pero lo que los datos realmente mostraron fue que después de 2 años y medio, los beneficios de la TCC y el ejercicio se habían desvanecido por completo. Los pacientes que no habían sido asignados a realizar esas terapias para entonces mejoraron tanto como los que las realizaron, aunque todos los grupos estaban todavía enfermos.

Los investigadores PACE reconocieron esto pero descartaron la importancia de la mejora de los pacientes que no habían recibido terapia o ejercicio. Señalaron que algunos de estos pacientes habían recibido TCC o ejercicio después de que el ensayo había terminado, y argumentaron que esto podría explicar su mejora. Sin embargo, los datos mostraron que la terapia adicional no ayudó a estos pacientes en absoluto.

La recepción de este nuevo estudio entre investigadores era muy diferente de en el pasado, en parte debido a Tuller, un catedrático de la salud pública y del periodismo de la Universidad de California-Berkeley, publicó su larga historia en el sitio Virology Blog tan sólo unos días antes de que este último estudio salió. Su trabajo persuadió a investigadores de fuera de la comunidad de EM/SFC para examinar el estudio por primera vez, y lo condenaron. Por ejemplo, James Coyne, psicólogo de la University Medical Center de Groningen en los Países Bajos, que estuvo involucrado anteriormente en la investigación del EM/CFS, escribió una entrada en el blog de ​​la Biblioteca Pública de la Ciencia llamando a la interpretación de los investigadores del nuevo estudio “giro sin fundamento a favor de la intervención preferida de los investigadores “.

Y ahora los investigadores y los pacientes están exigiendo que el equipo PACE liberen sus datos (permaneciendo anónimos los propios datos de los pacientes), ya sea públicamente o en un equipo de investigadores independientes altamente calificados, para reanálisis.

Los investigadores PACE se han negado a publicar los datos en el pasado, argumentando que “los activistas que tratan de desacreditar el proceso PACE y sus investigadores” de alguna manera podrían descifrar los datos anónimos en los datos y publicar los nombres de los participantes. Y White me dijo que los cambios en el protocolo original “mejoraron la ciencia y la interpretación. No vemos ninguna razón por la que debemos hacer un nuevo análisis basado en un método inferior.” Horton, editor de la revista The Lancet, no respondió a mi solicitud de hablar sobre ello.

“El Lancet tiene que dejar de excusarse y estar abierto”, dice Bruce Levin, un experto en bioestadística en la Universidad de Columbia, que firmó la carta abierta.”Uno de los principios de la buena ciencia es la transparencia.”

Davis, el genetista de Stanford, tiene un hijo con EM / SFC tan grave que no puede caminar, hablar o comer. Davis va aún más lejos: “El Lancet debe tomar su responsabilidad y quitar ese documento”, dice. “Tiene un montón de defectos, y me preocupa que dañe a los pacientes”. Davis ha comenzado su propio esfuerzo para encontrar una cura para la enfermedad, llamado End ME/CFS Project. Él está recogiendo una gran cantidad de datos sobre los pacientes graves como su hijo, que nunca han estado incluidos en los estudios porque son demasiado frágiles para ir a un médico o clínica.

Ron Davis y su hijo, Whitney Dafoe, que tiene EM/SFC severo, en septiembre de 2014. Davis ayuda a su hijo en el afeitado de la barba y la cabeza, ya que no puede levantarse de la cama para bañarse.                                                         

                                                                                            Cortesía de la familia de Whitney Dafoe

Tan alentador como ha sido la crítica pública del ensayo PACE, sólo hay una cosa posible que elimine el concepto de que la EM/SFC es una enfermedad psiquiátrica de las mentes de los médicos y el público: un tratamiento realmente eficaz para la enfermedad. Mi condición ha mejorado notablemente después de seguir un tratamiento que apenas se ha investigado en absoluto: tomar medidas extremas para evitar el mohoPero no ha habido el dinero suficiente para continuar con iniciativas prometedoras como esta y otras.

Eso hace que el anuncio del NIH de sus planes de investigación para la enfermedad de un gran paso en deshacer el daño que PACE ha causado. El NIH planea analizar 40 pacientes cuya enfermedad comenzó de repente con una infección aparente, utilizando métodos de datos a gran escala. Y si el NIH cumple con sus promesas de aumento de la financiación para la investigación en las universidades, científicos como Davis tendrán nuevas oportunidades.


Comentario principal

Yo estuve en microbiología / virología durante muchos años, y puedo simpatizar con ambos lados de este debate.   Más …

-wallet55

 

Hace apenas un año, tanto la crítica pública del ensayo PACE y las medidas tomadas por el NIH serían casi inimaginables. Pero para mí, estos eventos son como los frutos del cambio que se ha cultivado durante años. Cuando el ensayo PACE salió por primera vez en 2011, pocos periodistas tuvieron un serio interés en la enfermedad, y gran parte de la cobertura informativa era terrible.

Ahora varios periodistas, en  adición a Tuller han estado haciendo un gran trabajo . En 2011, el grupo de investigadores comprometidos era pequeño y aislado. Ahora, los mejores en sus propios campos han quedado fascinados por la enfermedad. La comunidad de pacientes ha estado mucho tiempo dividida y fragmentada, pero ahora, plataformas como #MEAction están solicitando más acción unida, y los pacientes están elaborando recomendaciones para investigar prioridades, modelando sus esfuerzos en los métodos de los activistas del SIDA y del cáncer de mama para ganar el respeto y la influencia en la Comunidad científica.

Coyne, el investigador de psicología cuyo interés fue provocado por la controversia sobre PACE, sugirió en Twitter que PACE podría ser la Stonewall  del EM/SFC, y que parece que estoy viendo el surgimiento de un nuevo movimiento.

Por supuesto, todavía hay un largo camino por recorrer. Los pacientes siguen sufriendo, ridiculizados y sin tratamiento. Pero ya no parece tan grotesco anticipar el día cuando los pacientes tan enfermos como yo lo estaba en el 2011 no tendrán su sufrimiento agravado por los prejuicios y la mala ciencia.

Julie Rehmeyer es editor colaborador de Discover que está escribiendo un libro de memorias sobre la ciencia y la política del síndrome de fatiga crónica y otras enfermedades poco conocidas.